Niños somos y en el camino andamos
Por Miguel Lugo @lugoconnor “Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espiritual se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño” [1] Así comienzan los discursos públicos del Zaratustra de Nietzsche y si bien es cierto que el relato puede tener varios niveles de interpretación, que van desde el autobiográfico hasta una cierta teoría epistemológica-metafísica y una expresión el nihilismo ( o una conjunción de todas ellas) es destacable el papel que juega la figura del niño en todas estas significaciones. ¿Qué tiene de particular un niño? ¿Cuáles son sus características que hasta el mismo Zaratustra se convirtió en uno antes de bajar de la montaña? En contraposición a la figura del camello, que representa un espíritu de pesadez que busca soportar sobre sí toda la carga posible, “inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí” [ 2] ...