La música de Erich Zann, o de un estudiante de filosofía en la narrativa lovecraftniana
Por Rubén Gómez @esquirlas_filosoficas Desde los tiempos de Homero y Hesíodo se popularizó entre los habitantes de Grecia la idea de que uno podía homologarse a los dioses gracias a la inmortalidad, y no precisamente porque la inmortalidad fuera una característica inherente del alma humana. Sin embargo, cuando las dudas de algunos perspicaces (filósofos en su mayoría) nublaron la fe en la creencia de algo tal como la inmortalidad del alma, el ansia de perpetuar el nombre y la fama cobraron nuevos bríos, nuevas formas de manifestar ese natural afán o aspiración que tenemos por acariciar la eternidad. Así pues, la guerra, la escritura, la política y el arte se erigieron como los medios predilectos para que algunos hombres se hicieran notar entre sus coetáneos y sus descendientes. En este sentido, la escritura como pretensión de inmortalidad es la pugna del escritor por conservarse más en el tiempo que en el espacio, pero no como un ídolo de muchedumbres, esos que al primer d...