Albert Camus y la figura del héroe absurdo

 

Por Arturo Cuevas


El pasado 4 de enero se cumplieron 62 años del trágico accidente automovilístico que sellaría el destino del escritor francés Albert Camus. Pese a que el aniversario luctuoso del autor no motivó nuestra reflexión en torno a su obra, sí lo usaremos de pretexto para acercar a nuestros lectores sus consideraciones sobre lo absurdo.

Camus se sumerge en las profundidades de lo absurdo en varias de sus obras y lo hace, además, con una fuerza sobria e infranqueable en “El mito de Sísifo”. En este libro, el también Premio Nobel de Literatura, expone algunas de las actitudes y experiencias que permiten que el sentimiento de lo absurdo trastoque el insondable lindero de nuestro espíritu.

Este sentimiento se nos presenta a partir de una especie de confrontación entre la  búsqueda de sentido en nuestras vidas y un mundo que no nos ofrece una respuesta al respecto. Quizá más de uno de nosotros, en algún momento, se ha sentido perdido, pues nada de lo que hace parece tener un objetivo claro, muchas de las veces actuamos de cierta manera por mera costumbre o por inercia. Nos dejamos llevar como una hoja seca por el viento otoñal.

El único sentido que tenemos asegurado en nuestra existencia -nos dice Camus- es que tarde que temprano nos vamos a morir. La muerte puede ser intimidante porque nos recuerda que sólo estaremos sobre esta Tierra durante un parpadeo. ¿Qué caso tiene buscarle un sentido a mi presencia en este universo si cargo con la maldición de ser mortal?

Esta realidad cala de manera más o menos profunda dependiendo del espíritu de cada cual, mas algunas personas al ser conscientes de ello, casi por un instinto natural, se rebelan en contra de su destino y es a partir de ello que aparecen diversas actitudes del ser humano para hacerle frente a este mundo absurdo. La que nos interesa resaltar aquí es la que Camus nombra la creación absurda, pues afirma que es el creador “el más absurdo de los personajes” de un mundo al que nuestra presencia no le encuentra ningún sentido



Camus fue una figura obstinada con la creación, no sólo filosófica o novelística,  pues también incursionó en el teatro y en el periodismo. En El mito de Sisífo, el autor considera que la creación de una obra, en especial el arte de la novela, es dar “una forma al destino”, ofrecerle un sentido a nuestra existencia a través de uno o más universos creados a partir de nuestro pensamiento e imaginación. Estos son universos en los que nos podemos reinventar más de una ocasión y confrontar toda creencia o pensamiento que se nos presenten como certeros. Eludir todo sesgo de esperanza, pues en un mundo absurdo ya no hay cabida para esta última:

“Los juegos novelescos del cuerpo y las pasiones se ordenan un poco más según las exigencias de una visión de mundo. Ya no se cuentan <<historias>>, se crea un universo”. (Camus, p.129).

Novelas hay una infinidad, unas logran captar el drama de lo humano en mayor medida que otras, pero para Camus hay un sendero trazado para quien busca dedicarse a este arte absurdo: la exigencia de rebelión, libertad y pasión, no son opcionales.  La creación en el arte novelesco es para el autor de La Peste el “testimonio de la única dignidad del hombre: la rebelión tenaz contra su condición, la perseverancia en un esfuerzo considerado estéril”. (Camus, p. 148).

¿Es la creación un suelo estéril en el que poco o nada puede crecer y dar fruto? No podemos estar seguros de que la premisa se cumpla ni de que sea el caso contrario, entonces ¿qué caso tiene escribir? Camus hace una observación que nos parece sumamente atinada ante estas preguntas:

“Trabajar y crear para nada, modelar el barro, saber que la propia creación carece de futuro, ver esa obra destruida en un día siendo consciente de que, en el fondo, eso no tiene más importancia que construir para los siglos, es la sabiduría difícil que autoriza el pensamiento absurdo”. (Camus, p.144).

Aquí nos gustaría recuperar la figura de Sísifo, aquel personaje de la mitología griega a quien los dioses condenaron a empujar una roca hasta lo alto de una montaña desde donde volvía a caer hasta la llanura. Sísifo tuvo que realizar una y otra vez durante el resto de su vida esta absurda labor. “(Los dioses) pensaron, con cierta razón, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”, nos dice Camus.

Sísifo se asemeja al creador absurdo del escritor francés, quien también realiza una tarea inútil y del que no espera nada. No escribe más que con la intención de crear universos en los que juega con el sentido y el destino de sus personajes. Mas para Camus, Sísifo se transforma en héroe absurdo en el momento en que es consciente de la inutilidad de su quehacer y, pese a ello, continúa realizándolo. Es entonces cuando Sísifo logra superar a su destino.

“La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”. (Camus, p.156)

 La pasión de Camus por la vida quedó reflejada en su legado de obras, en esa necedad y rebelión de escribir. A pesar de ser consciente de que no cambiaría el mundo, luchó contra una tuberculosis que amenazó su vida desde una edad temprana. Aceptó su destino y mediante la creación fue que decidió darle un sentido a su existencia, y sin esperar nada, también le dio un sentido a la vida de todo aquel que se encuentra frente a su pluma. Albert Camus es el Sísifo de nuestros tiempos.  

Citas tomadas de: Camus, Albert, El mito de Sísifo, Alianza editorial, España, 2012








Comentarios

  1. Camus, el hombre rebelde. Además de excitar la pasión del hombre, convoca a la "revolte": "El hombre rebelde es el hombre situado antes o después de la sagrado [...] Desde ese momento, toda palabra, toda interrogación es rebelión".

    El absurdo es la manera de ver al hombre en su individualidad; la rebeldía, en su hermandad. Por ello terminará diciendo "Yo me rebelo, luego nosotros somos".

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  2. Muchas gracias por el comentario, Brian.

    Resulta muy interesante la consideración que señalas con respecto a que el hombre rebelde es aquel que está situado antes o después de lo sagrado. Más aún, porque lo sagrado precisamente se ofrece como un horizonte de sentido, un discurso que puede significar uno o varios sentidos de lo que es; en ausencia de lo sagrado, cualquier pretensión de orden se disuelve.

    Un saludo cordial.

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