Del tiempo que tenemos y del tiempo que somos

Breves reflexiones en torno a Heidegger y el año que comienza

                                                       Por Miguel Lugo 

La persistencia de la memoria, Salvador Dalí. 

El primer mes del 2022 está a punto de terminar y con ello comenzamos a cuestionarnos sobre los propósitos y metas con los que comenzamos este ciclo. Las vemos inalcanzables o por lo menos muy lejanas y nos preguntamos por qué hacemos lo mismo cada fin de año. Sobre la celebración de año nuevo poco tenemos que decir, a no ser lo que ya apuntaba Darío Sztajnsrajber acerca de que somos seres rituales y hacemos estas fiestas para dotar de sentido nuestra existencia (hay que imaginar a Sísifo feliz con su piedra). Sin embargo, los propósitos que nos hacemos bien pueden servirnos de pretexto para pensar un poco en uno de los problemas filosóficos por excelencia: El tiempo. Qué es el tiempo y cómo es la manera en que nos vemos en él son las cuestiones que se encuentran de fondo.

A lo largo de la historia -y aquí comienza a asomarse una primera significación-, muchos pensadores han querido responder a la interrogante sobre qué es el tiempo. Como recapitula el joven Heidegger en una conferencia de 1924, la pregunta puede ser abordada desde el punto de vista de la teología, de la ciencia (en particular la física), de la historia o de la filosofía.  Sin embargo, la consideración teológica intenta entender al tiempo desde la eternidad y no desde el tiempo mismo, por lo cual no resulta de mucha ayuda en esta ocasión.

Por su parte, la ciencia física suele ligar el concepto de tiempo a la explicación del cambio: “El tiempo es aquello en lo que se producen los acontecimientos” (Aristóteles, Física 219 a ss) nos dice Aristóteles y para dar cuenta de estos acontecimientos y la manera en que las cosas cambian es necesario hacer una medición del tiempo. Entonces, el tiempo tiene un carácter medible para el científico, en él podemos apreciar como suceden los hechos, como cambian las cosas “¿Cómo se le muestra el tiempo al físico? La aprehensión que determina el tiempo tiene el carácter de una medición. La medición indica el <<cuánto-tiempo>> y el <<cuándo>>, el <<desde-cuando-hasta-cuándo>>” (Heidegger, 1994 p.30)

El paso del Tiempo, Sergio Greene.

Con todo, hay que tener en cuenta que el tiempo entendido así, transcurre de manera continua y los parámetros que usamos para medirlo son meramente arbitrarios. De tal forma, y volviendo al punto de partida de nuestra reflexión, no tiene sentido alguno hacer propósitos o metas año con año, pues no hay nada en el tiempo que nos marque un punto de inflexión. En un tiempo continuo solo existe el ahora y una comparación del ahora con un ahora anterior.

Sin embargo, y siguiendo en todo esto el argumento heideggeriano, nos encontramos aquí con un problema, pues hemos dado con las maneras de medir el tiempo, pero no con qué es o sea el tiempo. Es por eso que, buscando el ser del tiempo, podemos pensar en cómo es que éste se expresa. Lo propio del tiempo es la temporalidad y la temporalidad se manifiesta en la historia, hacia ella debemos voltear entonces. Parece ser que el concepto de tiempo que maneja la historia es diferente al de la ciencia. “La ciencia histórica no trabaja pues, con cifras” (Heidegger, 1913, p 30) Según los análisis del filósofo alemán, lo propio del tiempo histórico es la significatividad, la historia se divide según sucesos que condensan las diferentes tendencias que marcan una época. De esta manera, sería legítimo marcar un antes y un después en nuestra vida si creemos que ciertos sucesos (como puede ser el cambio de año) cristalizan tendencias diferentes a las actuales.

Pero, si bien a partir de algo común hemos podido dar con dos rasgos fundamentales del tiempo, que es medible de forma cuantitativa pero también  de manera cualitativa en cuanto significatividad, no hemos dado todavía con qué es el tiempo. Si seguimos el camino del autor de Ser y Tiempo, podemos apreciar que nuestras consideraciones acerca del tiempo parten siempre de la forma en que lo experimentamos. “Es mi manera de encontrarme lo que yo mido cuando mido el tiempo” (Heidegger, 1924 p. 34) En otras palabras, nuestro yo, el ser que somos en cada momento, es un ser que es en el tiempo y pareciera que es a partir de este Dasein  (el ser que somos en cada momento, en un mundo y con otros) que el tiempo mismo es o, al menos, cobra una especie de sentido. No se quiere decir con esto que el tiemp, eso indeterminado que concibe la ciencia física y en el cual cambian las cosas, dependa del hombre, pero si es a través de éste que se puede determinar, como lo hace la historia.

Martín Heidegger, década de 1920. 

 En ese sentido, el hombre, entendido no como un hombre en general, sino como ese individuo que somos en cada momento experimenta, y se convierte en la temporalidad. Un aspecto importante de la temporalidad sería el ahora, pero también es el futuro, constantemente nos estamos proyectando hacia muchas posibilidades y también por esto es legítimo crearnos metas y propósitos. 

Ahondar en esto nos llevaría un análisis minucioso de muchas cosas, pero no es este el lugar para ello, apuntemos entonces solo un par de cosas: la primera es que a partir de algo cotidiano y trivial podemos analizar cosas fundamentales, la segunda es que es legítimo y quizá natural el estarnos proyectando en cuanto a posibilidades. Por último, para hacerle justicia al joven Heidegger, podemos quizá advertir que la pregunta sobre qué es el tiempo se convirtió en una pregunta por el cómo, cómo medimos el tiempo, cómo se manifiesta, cómo somos en el tiempo. Baste por ahora con esto, para todo lo demás ya tendremos tiempo…

 

Las citas fueron tomadas de las siguientes fuentes:

Heidegger, Martin. El concepto de tiempo de tiempo en la ciencia histórica (1913). recopilado en Tiempo e historia, Trotta 2009.

Heidegger, Martin. El concepto de tiempo (1924) Trotta 2011.

 




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