De las idas y venidas en clave autobiográfica
Por Miguel Lugo.
Presento al lector, al más puro estilo de Victor Eremita¹, dos cartas que encontré en una vieja libreta. Sobre quién las escribió no tengo mucha idea, aunque el estilo y la letra me recuerdan a alguien familiar, que hoy no logro reconocer ¿Qué pretendía? Aparentemente no mucho, más que exponer su espíritu al destinatario del escrito. Al final del día una carta es tan íntima, sobre todo en una época dónde todo es público, que toda otra intención parece secundaria y ornamental.Si me atrevo a violar tal privacidad es sólo en la esperanza de que un alma melancólica, de esas que abundan por estos tiempos, encuentre su consuelo en otra del mismo talante.
Como el epistolario no está fechado lo he
ordenado del modo más lógico, primero aquel texto que habla de la partida,
luego aquel dónde se ha regresado..
"Esta es la última carta que te escribo,
al menos por un tiempo. Es algo difícil hacerlo cuando el último escrito tuyo
que recibí terminaba diciendo <jamas volveremos a hacer las mismas
estupideces de antaño ¿Cierto? Eso es triste, sabes.>
Quisiera decirte que te equivocas, que todo
volvería a ser como antes y que jugaremos a nuestra forma una vez más. Pero el
invierno se aproxima y es imposible ocultar los estragos que este endemoniado
año hizo en nosotros, disecando nuestra sonrisa en muchas ocasiones.
Todo esto que te escribo no son más que
palabras medio vacías llenando un trozo de papel, quizá sea mejor que cuando
vuelvas sólo encuentres mi habitual <no dejes, hermano, que el mundo gane
todavía>
PS. Mientras firmaba las últimas líneas me
puse a urgar el cajón izquierdo del viejo escritorio que me dió papá, encontré
todavía uno de tus cigarrillos, el sabor tan peculiar de ese tabaco siempre me
reconforta. <Duro pero agradable, como la vida misma> atinaste a decir.
No puedo entonces terminar de una forma más
sincera que diciéndote <¡nos volveremos a ver!>
Me llevo tu chaqueta café, el frío arrecia y
es hora de partir. "
¿Cuánto
ha pasado entre uno y otro? Sólo los dioses lo saben, aunque quizá fuese más
importante indagar sobre qué pasó en ese tiempo que sobre el cuánto.
Carta B
"Disculpa que este tan disperso como
siempre, pero la vida me ha dado mucho que reflexionar en este tiempo. Tal vez
esa es la razón por la que aún no cumplo la promesa de escribir aquellos
relatos que soñamos cuando éramos más jóvenes.
A propósito de eso, he recordado bastante
nuestras aventuras y me preguntó si podré encontrarte nuevamente en la orilla
de un canal. He dejado de fumar hace ya algún tiempo, pero te prometo que
encontraremos la forma de no echar de menos la nube de humo que siempre nos
envolvía a los tres. ¿Quién diría que entre aquella neblina nuestros
pensamientos nos parecieran tan claros? ¿Quién diría que las cosas se volverían
al revés y la nube cubre ahora nuestras ideas? ¿Tú qué recuerdas de <cuando
fuimos los mejores>?
Algo extraño ocurre mientras te escribo,
pareciera que rejuvenezco un tanto. Lo mismo me ha ocurrido mientras andaba por
aquellos caminos donde cada uno hizo su historia. Es quizá por esa familiaridad
que les teníamos que ahora me parecen tan ajenos. ¿Crees que las cosas aún
pueden reconocernos? ¿Crees que nosotros podamos aún hacerlo?
Espero tener pronto noticias tuyas,
hermano. Ha pasado ya el tiempo del
carnaval ."
¿Qué pasó después? Sólo el lector podrá
imaginarlo, pero si las cartas yacian abandonadas en una vieja libreta es
porque quizá el autor ha vuelto a partir o ha regresado completamente.
¹ Victor Eremita es el pseudonimo con el que
Soren Kierkegaard edita <o lo uno o lo otro> empezando con esto la
llamada comunicación indirecta con sus lectores.
Comentarios
Publicar un comentario