Reflexiones, inconformidades y esclavitudes contemporáneas
Por Arthur Cuevas
@arthurcaves
Graffiti por Banksy“Das ist die schickliche Stunde des Gesprächs”.
“Esta es la hora propicia para el diálogo”.
-M. Heidegger.
La vida del ser humano, nuestra vida, se relaciona y -en muchas ocasiones-, queda definida en virtud del trabajo que realizamos. Desde el comienzo de la civilización, la humanidad se ha empecinado en ejecutar diversas tareas que le permitieran la subsistencia en este mundo. Tanto el trabajo como la vida se han transformado conforme se aplican los nuevos desarrollos tecnológicos a nuestras actividades: un maestro puede ofrecer clases vía remota, al igual que un oficinista puede realizar su quehacer desde la comodidad de su hogar.
La aplicación de estos avances tecnológicos al trabajo permite realizar las tareas de una manera más eficiente, es decir en mayor cantidad, en menor tiempo y con un coste económico mínimo. Esto permite garantizar la existencia del actual modelo financiero global, pero ¿Qué pasa con la vida humana cuando el trabajo se mide en términos de eficiencia, qué tan digna puede ser la vida en un mundo meramente cuantificable y calculador?
En sus Cartas sobre la educación estética de la humanidad, Friedrich von Schiller, advierte ya sobre la deshumanización de las personas a partir de la división del trabajo que implicó el desarrollo del conocimiento y su aplicación en quehaceres prácticos durante el periodo de la Revolución Industrial en el siglo XVIII:
“Eternamente encadenado a un pequeño
fragmento aislado del todo el hombre mismo se convierte en un fragmento: ya sólo
oye el monótono ruido del engranaje que hace girar, jamás desarrollará la armonía
de su ser, (…) se convierte en un mero reflejo de su oficio y de sus
conocimientos”.
Friedrich von Schiller, retrato.
La crítica del poeta alemán a la sociedad de su época se encamina a que, esta última sólo se interesaba por las personas en la medida en que le resultaban útiles. Desde la perspectiva de Schiller, nada de lo que esté relacionado con los intereses meramente personales es favorable para la sociedad, ¿por qué? Porque al emplear fuerzas para realizar una tarea distinta a su trabajo, se pone en riesgo el desempeño de su función dentro del mecanismo de producción.
“Rara vez es una buena referencia para el Estado que un individuo disponga de fuerzas una vez que ha concluido su trabajo. (…) El Estado es tan celoso de la propiedad exclusiva de sus súbditos que preferiría compartir a sus hombres con la Venus Citerea (la vida ordinaria) que con la Venus Urania (la vida excepcional)”, afirmaba el dramaturgo alemán.
Esta situación no parece ser ajena a nuestra experiencia, por un lado, pese a la aplicación de la refinada tecnología, el trabajo no es menos esclavizante que en cualquier otra época de la humanidad y resulta llamativo que ahora el individuo se auto-explota a cambio de una mísera paga y por una falsa promesa de éxito en jornadas laborales de más de 12 horas.
Por otro lado, también hay que considerar que las problemáticas de nuestra vida cotidiana y la inmediatez por resolverlas impiden al sujeto enfocar su ánimo en algún proyecto distinto a aquello por lo que se obtiene algo a cambio, ya sea éxito, reconocimiento o dinero, estancándonos cada vez más en nuestros oficios. Oscar de la Borbolla señala atinadamente en su libro “El arte de dudar” que:
“En esta reproducción de lo mismo: en
la que el taxista sigue siendo taxista; y el maestro, maestro; y el médico, médico,
o el empacador de una fábrica sigue siendo empacador, es donde se hace patente
que la vida es un estacionamiento, pues cada quien, si tiene suerte, sigue
siendo lo mismo al día siguiente, al mes siguiente y a lo largo de los años”.
Sin embargo, no vamos a negar que también hay personas que pueden vivir una vida “satisfecha”, que poco tiene que ver con la felicidad, bajo este esquema. Bastará con recordar a los absurdos personajes de Tiktok que presumían la cantidad de departamentos vendidos durante un periodo corto de tiempo para ejemplificar lo que queremos poner de relieve en este punto.
Pintura: "Boy sleeping in the hay" de Albrecht AnkerNo obstante, ¿Qué pasa con aquellos rebeldes que se niegan a llevar una vida de esclavos que se ufanan de una falsa libertad? ¿Qué les depara a los inconformes con los modelos impuestos por la sociedad? ¿En qué deviene nuestro cuestionamiento sobre qué carajo estamos haciendo con nuestra vida? Quizá cada uno de nosotros, queridos lectores, debamos esforzarnos por reflexionar en torno a estos y más cuestionamientos.
Schiller
sugirió que el ennoblecimiento del carácter de los semejantes puede lograrse a
través de una educación estética, que ésta podría salvar a la humanidad de una
crisis tan severa. Para él, el arte es la actividad que permite al ser humano
ir más allá de una mera faceta operaria (que lo convierte gradualmente en un
engranaje de una maquinaria mayor), y desarrollar en plenitud otras tantas de
sus facultades.
Cada individuo libra -o al menos algunos-, una ardua batalla contra el conformismo, el agotamiento, la falsa promesa de éxito y los nuevos medios de comunicación. El sendero aún no está trazado, pero quizá el primer paso para emprender el propio viaje sea aceptar la crisis. Es ahí donde nacen la filosofía, el arte o cualquier otra excusa como las posibilidades para resignificar los días.
Y usted, estimado lector, ¿Cómo significa sus días?



Muy interesante el tema, el cómo se relaciona el trabajo y nuestra identidad, puede provocar que nuestra imagen como persona sea inundada por la nuestra función laboral, dejando de lado lo que somos y lo que podemos ser. Buen artículo.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, Iván. Efectivamente, en algunas ocasiones o bajo ciertos escenarios laborales la individualidad de cada persona queda subsumida a las condiciones que tiene delante. La invitación en Schiller es ésta: el arte nos mantiene al margen de esas lógicas operarias.
EliminarIván, muchas gracias por tu comentario.
EliminarSigo pensando en todo ello, quizá es una opinión muy personal, pero me atrevería a decir que hay que luchar contra todo aquello que nos impida desarrollar nuestras demás facultades creativas.
Gabriel Marcel reflexiona en varios lados sobre como el hombre se identifica cada vez más con la idea de función y nos dice que para él parte de la tarea de la filosofía en la época contemporánea es realizar un diagnóstico de la misma. Buenísima reflexión Arturo !
ResponderEliminarMiguel, muchísimas gracias por leerlo y por tu atinada observación.
EliminarNo estoy muy relacionado con el pensamiento de Marcel, pero tu comentario es una excelente reflexión para pensar con él, estoy seguro que me puede aportar mucho. Seguiré pensando bastante sobre este tema, me rehuso a creer que sólo estamos definidos por nuestras funciones operarias.