Xavier Villaurrutia: el descenso a los infiernos de la interioridad
Por Arthur Cuevas
@arthurcaves
“El poeta es
un fantasma y el eco de su grito al golpear contra el muro
es un puño que golpea un pecho desierto,
una página en blanco, un espejo empañado
que se abre hacia una galería de ecos”
Octavio Paz
Las diversas ideologías y utopías en las que se intenta vanamente encasillar la compleja trama de la vida humana permean desde hace siglos la perspectiva con la que miramos nuestro mundo, así como la manera en la que intimamos personalmente y con los demás. Por ello nos acercamos a la poesía de Xavier Villaurrutia porque el veneno de sus letras puede aliviarnos de dichas parálisis ideológicas.
Por ahora somos víctimas de un discurso pernicioso que intenta conformarnos con lo positivo de nuestras emociones y pensamientos; la insulsa retórica del enfócate sólo en aquello que agrada, se nos repite hasta el cansancio, aunado al escándalo de la rutina que nos impide escuchar nuestra voz interior.
¿Qué pasa con las pulsiones anárquicas que somos incapaces de “controlar”? ¿Qué es de nuestros temores, horrores, enojos y todo aquello que resulta tóxico ya sea para nosotros o para los demás? ¿Más nos vale callar y pretender que no son parte de nosotros o habrá que afrontarlos para aceptarlos como parte fundadora de nuestro ser?
Villaurrutia aparece ante nosotros como un poeta de la dualidad, pues nos señala a través de sus versos que ser humano se trata de oscilar constantemente entre opuestos que en ocasiones nos conducen a paradojas vitales, que generan un conflicto espiritual en nosotros. Mediante su canto, la muerte, la angustia, la soledad y el erotismo, resuenan para recordarnos que la vida también tiene su lado oscuro, pero no por ello hay que temerle y mucho menos, cancelarle.
Todo lo contario, reconocer esa otra cara de la moneda y aceptarla es necesaria para entendernos de un modo más profundo. Sin embargo, será cuestión de cada persona saber cómo lidiar y de qué manera escuchar nuestros sórdidos lamentos. El poeta mexicano simplemente fungirá como una especie de guía que nos señala el sendero que hay que seguir para profundizar en nuestras emociones y pensamientos. Alí Chumacero confía en que es mediante la voz del poeta que nos hacemos conscientes de ese mundo que había permanecido oculto a nuestros ojos:
“Los ‘nocturnos’, que señalan el clímax en que esta aguda sensibilidad se movió, representan en la poesía mexicana contemporánea la decisión de penetrar con verdadera furia en el alma de las cosas: al fondo siempre, al meollo de un mundo que no se ha hecho para nosotros, pero se aureola con un misterioso resplandor que sólo al poeta es dable captar”.
Si bien en los nocturnos, Villaurrutia rodea los linderos de la muerte y el miedo que se transforma en angustia al reconocernos como seres mortales, también se enfoca en temáticas como el erotismo que desgarra y que hiere, así como los sueños que nos muestran nuestros más grandes deseos y temores. De ahí que la noche, las sombras y el silencio serán la luz que nos permite reconocer nuestro conflicto emocional interior:
Cuando
en la soledad de un cielo muerto
brillan unas estrellas olvidadas
y es tan grande el silencio del silencio
que de pronto quisiéramos que hablara
En el libro Nostalgia de la Muerte, obra que recoge sus nocturnos y algunos otros versos, el escritor perteneciente a la generación de “Los Contemporáneos” se sumerge en el averno del alma, una y otra vez, sólo para confirmar lo que Chumacero llama “la ineludible destrucción interior” que implica el estar vivos.
Pensamos
que los versos del poeta mexicano pueden ser el preludio adecuado para
reconocer que también somos agonía, miedo, angustia y dolor. Somos seres que
día a día libramos distintas batallas contra nuestros propios demonios, contra
esas voces interiores que nos atormentan desde hace años:
Porque
la noche arrastra en su baja marea
memorias angustiosas, temores congelados,
la sed de algo que, trémulos, apuramos un día
y la amargura de lo que ya no recordamos.
¡Al fin llegó la noche a inundar mis oídos
con una silenciosa marea inesperada,
a poner en mis ojos unos párpados muertos,
a dejar en mis manos un mensaje vacío!
Escuchemos
al poeta, confesémonos a su lado, dejemos de pensar que todo conflicto tiene
efectos negativos en nuestras vidas. El conflicto en muchos escenarios es
menester para ir más allá de nuestros límites, reconozcamos la bastedad de
nuestras emociones. Permitamos que el eco del poeta inflame nuestros corazones.

El sueño, Henri Rousseau


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