Pinocchio: un guiño a la filosofía de Arthur Schopenhauer
Por Rubén Gómez
@rockben05
[…]
El conocimiento de la muerte, junto a la consideración del sufrimiento y la
penuria de la vida, es el mayor acicate para la reflexión filosófica y las
explicaciones filosóficas del mundo.
Schopenhauer,
Arthur, parágrafo 17 de los complementos
al Mundo como voluntad y
representación.
A mi abuelo, donde quiera que
estés
Ha resultado un tanto llamativo el guiño que la última película de
Guillermo del Toro, Pinocchio, hace a
la filosofía de Arthur Schopenhauer, y es que, las referencias a algunos de los
planteamientos de este pensador están más allá de las escenas en que Sebastián
J. Grillo cuelga un retrato del oriundo de Danzig frente a su escritorio o de
los momentos en que no deja de insistir en que la vida es dolor, o que el
amor duele.
Las líneas que siguen, tienen como objetivo poner de relieve las alusiones
que muestra la película al pensamiento schopenhaueriano. Así que, si quien se
acerca a esta lectura no ha visto la cinta en cuestión y no quiere, lo que
coloquialmente se llama un spoiler,
le sugiero abandonarnos en este punto y regresar después. O si, por el contrario,
estas líneas pueden servir de aliciente para acercarse al filme o a los textos
de Schopenhauer, siéntanse bienvenidos a intercambiar consideraciones.
Tragedia y sueño
Todo lo que sabemos sobre Geppetto
antes de crear a Pinocho nos es narrado por el grillo lector de Schopenhauer, Sebastián J. Grillo. Gracias a él sabemos que antes, el viejo carpintero tenía
una vida; era un hombre viudo (aunque la susodicha narración nunca refiere qué
pasó con su esposa) que encontraba el sentido de sus días dedicándose a la
carpintería y a la crianza de su hijo, Carlo. Era el ciudadano italiano modelo, según lo que oímos decir a sus
vecinos.
Geppetto y Carlo tenían algo que aparentemente era una vida apacible, una
en la que la tragedia tendría muy pocos intersticios para colarse; y, sin
embargo, lo consiguió a través de la Guerra, la llamada Gran Guerra, pues fue un accidente derivado de ella lo que terminó
por separarlos. Un evento que recuerda algunas observaciones de Schopenhauer,
que: Este mundo es el reino del azar y
del error.
La muerte de Carlo supone una experiencia límite para Geppetto, algo que en
términos heideggerianos llamaríamos una
ruptura del mundo, esto es, un quiebre de la red de significaciones en las
que habitualmente se desarrollaba. Luego de tal evento, el anciano continuó sus
aciagos días entre lamentos y alcohol, llorando frente a la tumba de Carlo
preguntando al azar, al destino o al cielo por qué las cosas ocurren de la
manera en que lo hacen.
Y así, como el contendiente que siente su vida amenazada en batalla y lanza
con sus últimos atisbos de fuerza un ataque desesperado para revertir su
situación, Geppetto sublima el dolor que le embarga, e intentando recuperar a
Carlo, crea a Pinocho una noche
lluviosa. Éste último es entonces, la sublimación del dolor que aqueja al viejo
carpintero y a su vez, Geppetto no es distinto de muchos padres que hacen de
sus hijos una apuesta de sentido para sus días, es decir, que significan su
vida por sus hijos. ¿Y es que acaso,
no somos muchos de nosotros la o una apuesta de sentido por parte de
nuestros padres?
Lo que pasa con Geppetto a partir de su relación con Pinocho ilustra
algunas consideraciones que Arthur Schopenhauer compartía con su madre en una
misiva de 1806: Olvidar los instantes de
desesperación que hemos superado es uno de los rasgos más maravillosos de la
naturaleza humana[1].
En apariencia, el designio del
espíritu del bosque que anima al niño de madera, se cumple; pues Pinocho se
vuelve como un hijo para Geppetto y llena sus días de alegría, luz y compañía.
Pero repito, en apariencia, porque las dificultades no tardan en aparecer para el maestro carpintero: empezando por el alarmismo generalizado en los pobladores cuando su creación aparece abruptamente en la iglesia; seguido de las advertencias del sacerdote y el podestá para que lo controle y lo envíe a la escuela; el oportunismo del Conde Volpe, dueño del circo que explotaría a Pinocho como la marioneta viviente; las deudas derivadas de un contrato astutamente firmado y la posibilidad de que recluten a su hijo en el ejército italiano son algunas de ellas. La suma de todas esas incidencias orilla a que Geppetto termine diciéndole a Pinocho que no se parece, que no es como Carlo, y que, además, es una pesada carga.
Esa misma noche, entre la ingenuidad,
inocencia y curiosidad inherentes a un niño, el pequeño de madera interroga al
inquilino de su interior, Sebastián J. Grillo, sobre algunas de las cosas
hirientes que su padre le había dirigido durante su enojo. El autonombrado
escritor no sabe responder con precisión y termina balbuceando una respuesta
genérica, llena de lugares comunes. Sin
embargo, Sebastián insiste en que esa noche escribiría sobre los padres, los
hijos y las dificultades que les aquejan a ambos, y cierra su diálogo diciendo
que gracias al sueño esa noche tuvieron
la dicha de no saber.
Que el sueño nos regale la dicha de no saber permite una doble vinculación con la filosofía
de Arthur Schopenhauer. En primer lugar, supone que la ignorancia está ligada
con algún grado de felicidad y que, por el contrario, a un mayor grado de
conocimiento lo acompaña siempre un mayor grado de sufrimiento. Pero ya hemos
hablado con antelación sobre ese punto en el artículo Pensar y/o ser feliz
Y, en segundo lugar, ¿Por qué diríamos que el
sueño nos regala la dicha de no saber? Aquí un par de posibles respuestas:
El sueño se parece a la muerte mucho más de lo que
suele pensarse y decirse […] La muerte es el sueño en que la individualidad es
olvidada[2].
O también:
Si la vida y la existencia fueran un estado satisfactorio todos nos sumiríamos a regañadientes en el estado inconsciente del sueño y lo abandonaríamos con sumo agrado. Pero es justo al revés: todos nos vamos muy gustosos a dormir y nos desagrada enormemente despertarnos[3].
A partir de lo anterior, diríamos que la conciencia se vuelve una premisa
imprescindible para cualquier sufrimiento, de manera que, al cesar
temporalmente la conciencia cesan también las dificultades que la acompañan. Ya
no importa si es un rey o un mendigo el que sueña, en ese abandono momentáneo
de la realidad ambos se liberan por igual. No importa si sueña el rico en su riqueza o el pobre que padece en su miseria y su
pobreza o si sueña el que a medrar empieza. Por supuesto, eso fue una
paráfrasis del soliloquio de Segismundo en La
vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca.
Los inconvenientes de ser inmortal
Ya que Pinocho no es humano, no puede morir, no al menos de manera
definitiva. Es así como vemos que, a través de las vicisitudes de su historia,
Pinocho suspende tres veces su estancia en el plano terrenal y luego de cada
una llega a una especie de limbo donde dialoga con una Esfinge que representa a
la muerte y con la que tiene no pocas conversaciones interesantes. Sin embargo,
sólo rescataré los elementos de sus dos primeros encuentros.
La primera visita se origina luego de ser víctima de un atropellamiento, en
este primer acercamiento, la Esfinge le dice a Pinocho que le dieron la vida sin que debiera tenerla, haciendo de él un ser
contingente que, además, no puede morir. A esta observación, la Esfinge suma
otra: Lo único que hace que una vida
humana tenga valor y significado, pequeño, es la muerte.
Una afirmación que casi parece una paráfrasis del epígrafe que acompaña
nuestro texto:
[…] El conocimiento de la muerte,
junto a la consideración del sufrimiento y la penuria de la vida, es el mayor
acicate para la reflexión filosófica y las explicaciones filosóficas del mundo[4].
En este punto resulta posible decir que la conciencia de la finitud de la
existencia es la que permite al hombre hacer filosofía o religión, ambas con la
finalidad de significar el mundo, y cada individuo lo hace según su naturaleza
y su cultura. A esto, agregaría el mismo Schopenhauer que si nuestra vida fuera
infinita y carente de dolor quizá no se le ocurriría a nadie preguntarse por
qué existe el mundo. Pero regresando a ese primer encuentro y su conclusión, la
Esfinge le dice a Pinocho que sí va a
morir, y que lo hará muchas veces, pero no serán muertes verdaderas…, dejaré
para después los comentarios sobre esas muertes que no matan.
Después de recibir un tiro en la cabeza por parte de uno de los oficiales
de Benito Mussolini, Pinocho llega por segunda vez con la Esfinge, pero se le
nota lleno de entusiasmo y jovialidad, jactándose de su condición inmortal,
pero su interlocutora aterriza su ingenuidad diciéndole que: No poder morir es una carga terrible. La
vida puede brindar mucho sufrimiento y la vida eterna puede brindar un eterno
sufrimiento.
En concordancia con esto, Schopenhauer decía que: Exigir la inmortalidad del individuo es querer perpetuar un error hasta
el infinito. Y es que, si se consideran con detenimiento algunos factores
comunes entre nuestros semejantes como la rigidez del carácter, el egoísmo y
los estrechos límites de la inteligencia, es sencillo anticipar que con el
tiempo terminaríamos desencantados de las relaciones sociales, del
entretenimiento que implican y hasta de nosotros mismos.
Antes de ello, Immanuel Kant ya había señalado algo semejante:
En
verdad hay que equivocarse mucho en la estimación de su valor si todavía se
desea que (la vida) dure más de lo que dura, porque no
significaría otra cosa sino la prolongación de un juego en perpetua lucha con
puras penalidades[5].
Al concluir esa segunda conversación, la Esfinge no deja de recordarle a
Pinocho que, aunque él posea vida eterna, sus amigos y seres queridos no la
tienen y que cada momento puede ser el último ¿Es el preludio de esas muertes
que no matan?
Apología de la mentira
Una de las características más icónicas de Pinocho es el crecimiento de su
nariz siempre que dice una mentira, una acción que desde una perspectiva
parcial podríamos considerar reprobable e inadecuada; y, sin embargo, es
precisamente mintiendo como Pinocho logra salir junto con sus compañeros de las
desoladoras y fétidas entrañas de la misteriosa creatura marina que los había
ingerido. Sencillamente, en esta escena la mentira se presenta como el recurso
idóneo a través del cual los personajes se salvan.
Ahora bien; ¿La mentira puede salvarnos? ¿Hay algunas circunstancias en que
la mentira puede ser aprobable y adecuada? De momento, la película nos inclina
a considerar esa posibilidad.
Por su parte, Schopenhauer dice que uno tiene derecho a mentir siempre que
se nos presenta una pregunta impertinente que pueda afectar nuestros asuntos
personales o nuestros negocios: La
mentira es aquí la legítima defensa contra la indiscreción no autorizada, cuyo
motivo, la mayoría de las veces no es bienintencionado[6].
Y así como cada quien tiene derecho a oponer resistencia ante una agresión
física o a colocar cerrojos y vallas para proteger su propiedad de los ladrones,
así también se tiene el derecho de mantener en secreto aquello cuyo
conocimiento público nos dejaría en una posición endeble o comprometida frente
a los otros y sus posibles malas intenciones. De este modo, la mentira se
ofrece como un recurso para prevenir daños, vergüenzas o injurias; es
pertinente considerar que no siempre hablamos con amigos y que la envidia lo
mismo que otros hábitos desagradables son más comunes de lo que creemos entre
quienes nos rodean.
Ah sí… Las muertes que no matan
Finalmente, nos toca pensar: ¿A qué se refería la Esfinge cuando le dice a
Pinocho que morirá muchas veces pero que no serán muertes verdaderas? ¿Se
refería, quizá, a aquellas muertes que no matan? ¿A esos duelos que nos dejan
huecos en el corazón o en el pecho según la medida del amor que teníamos a los
que ya no están o que, aún están, pero ya no con nosotros, ya no a nuestro
lado?
Cuando alguien muere, algo de mí se va con él o con ella, mueren esos que
pudimos ser, mueren todas las posibilidades que pudimos compartir. Algo
semejante albergan en sus manifestaciones, en sus zozobras, en sus angustias, en
sus sin sabores, en mucho se parecen el duelo fúnebre y la separación amorosa.
A Pinocho las muertes que no lo matan son las de sus próximos: Geppetto,
Sebastián J. Grillo y Spatzzatura. Y
así como él, cada uno de nosotros, en su panteón personal, podría dar cuenta de
las muertes que tiene, pero que no lo matan; no al menos al pie de la letra. Y
desde ahí cada quien puede seguir pensando en la tragedia, el sueño, los inconvenientes de ser inmortal, otras
apologías de la mentira, o en su defecto, seguir elucubrando sobre las muertes que no matan.
[1] Extracto de una carta a Johana Schopenhauer, recuperada en Schopenhauer, Parábolas y Aforismos, Alianza, 2018, España, pág. 84. Compilación de Carlos Javier González Serrano.
[2] Ibídem, pág. 62
[3] H.N.III, pág.109, 1821
[4] Schopenhauer, Arthur, El mundo como voluntad y representación II,
Alianza, España, 2014, pág. 212
[5] Kant, Immanuel, Filosofía de la historia, [Comienzo presunto
de la historia humana]FCE, México, 2013, pág. 86
[6] Schopenhauer, Arthur, Los dos problemas fundamentales de la ética:
Sobre el fundamento de la moral, Siglo XXI, España, 2009, pág. 266.





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