Lectura y guapura: ¿leer nos hace más guapos (o no)?
Por Rubén Gómez
@rockben05
El
día internacional del libro nos ha permitido reparar ya en ocasiones anteriores
sobre la cuestión ¿por qué leer? De
manera generalizada, y quizá, un tanto acrítica, hemos convenido y reproducido
el juico de que leer es bueno, útil y/o
provechoso. Las campañas en radio y televisión nos recomiendan leer veinte
minutos al día, los profesores desde la educación elemental se encargan de
extender ese discurso sin reparar en las implicaciones que ello podría tener, y
posiblemente, la familia de cada cual lo ha sermoneado sobre este punto,
cargando a la lectura virtudes que no tiene.
Comencemos
repasando algunas de las bondades que tiene un ejercicio constante de la
lectura:
1.-
“El límite de mi mundo es el límite de mi lenguaje” afirma Ludwig Wittgenstein
en su obra más icónica, “El tratado
lógico-filosófico”. El planteamiento de este autor nos invita a considerar
que, la captación que cada quien tiene del mundo es del mismo tamaño que su
vocabulario, es decir, la asimilación que tenemos del entorno es tan nutrida o
tan escasa como lo sea nuestro léxico. Siempre pensamos con palabras o a partir
de ellas, son el instrumento mediante el cual conectamos los elementos más
disímiles de la realidad, si tenemos un vocabulario reducido, seguramente
nuestra capacidad de análisis y reflexión sobre dichos elementos también lo
será.
2.-
En los libros (cabría considerar como excepciones de esta estimación a los
textos redactados con un lenguaje muy elemental) aprenderemos palabras
desconocidas, esas que se empolvan por la falta de uso, encontraremos otros
nombres con los cuales llamar a las mismas cosas; quienes leen se apropian de
nuevos términos cada vez, si se me permite una analogía, podríamos decir que,
los libros son los gigantes en cuyos hombros hemos de apoyarnos para ampliar
nuestros horizontes, o como dice Óscar de la Borbolla, leer para crecer porque:
“Tenemos la estatura de los libros que hemos leído”.
3.-
Sin embargo, la lectura no debe ser una imposición sino, más bien, debe ser
asumida como una especie de gusto a la carta, pero sin que se tome de clasista
al argumento, la lectura debe ser un gusto refinado, es decir, que leer se
vuelva una auténtica conversación con algunas de las mentes más ingeniosas que
el género humano ha brindado, una conversación en la que no nos descubran sino
lo más selecto de sus pensamientos, como diría René Descartes. Si se piensa con
un poco de detenimiento, la gentileza y enseñanzas morales de las fábulas
despiertan el ingenio y estimulan la simpatía entre prójimos; las acciones
memorables que cuentan las historias ficticias y verídicas elevan el ánimo y
leídas con discreción, ayudan a formar el juicio respecto a determinadas
valoraciones de nuestra vida: la propia y la que compartimos en comunidad.
4.-
Aquellos que no leen sólo tienen una visión del mundo: la propia, que
generalmente suele ser paupérrima. Sin embargo, la lectura de novelas permite
establecer un contraste entre los mundos creados por tantos autores y el que
nos toca vivir. Gracias a ello, se vuelve legítimo, lo mismo que auténtico,
cierto sentimiento de inconformidad y discrepancia con la monotonía de nuestra
realidad cotidiana. Comenzamos a formar un sentido crítico con respecto de los
escenarios y discursos que aparecen en el entorno inmediato, la lectura
adquiere entonces, un carácter emancipador.
5.- Sócrates y Arthur Miller podrían perfectamente ilustrarnos la manera en que la lectura nos ejercita en la retórica (el arte de hablar bellamente) y en construir discursos los suficientemente sofisticados al grado de que, a veces, esta elocuencia nos puede llegar a embellecer a ojos y juicios de los demás. Basta recordar que Alcibíades, entre otros aspectos, amaba a Sócrates por eso, y que, en el caso de Arthur Miller, sus lecturas y textos fueron lo suficientemente seductores para valerle un matrimonio con Marilyn Monroe (el símbolo sexual femenino del siglo XX). Perfectamente diríamos que la elocuencia y retórica derivadas de la lectura, constituyen una forma sutil de seducir y encantar a los demás; el humor y la risa con que se tiñe el diálogo son recursos agregados que abonan al mismo fin. Leer nos ayuda a hablar bellamente y hablar bellamente nos embellece frente a los otros.
Por
ahora, dejaré aquí los puntos que resultan favorables a la lectura, esos que
nos permiten afirmar que sí, que leer nos
hace más guapos. Pero qué hay con la contraparte, ¿es el caso que podríamos
enlistar algunos aspectos no tan favorables de la lectura, es decir, algunos
motivos para afirmar que leer no nos hace
más guapos?
Por
supuesto que sí, también podemos afirmar que la lectura no nos hace más guapos,
ni más ricos, ni más buenos. Quizá le hemos cargado a los libros y a la lectura
virtudes que no tienen. Aquí algunas razones:
1.-
Leer no nos hace más guapos, al contrario, gradualmente nos encorva la espalda
y hace prominente el abdomen bajo a causa de la mala postura.
2.-
No necesariamente nos hace más inteligentes, no todos los textos contribuyen
favorablemente a este punto. Con todo respeto para quienes leen superación
personal: redactar obviedades disfrazadas o maquilladas de verdades monumentales
no tiene nada de extraordinario, es solamente revestir con colores atractivos
una serie de falacias. A título personal, considero que ese tipo de textos
tienen su éxito en los notables vacíos existenciales de muchos, la necesidad de
respuestas para encarar la vida, y qué mejor que respuestas sencillas y
positivas, aunque falaces cuando se analizan detenidamente. ¿Qué tipo de texto
leerían los que no leen? Por ahí se perfila una respuesta.
3.-
Por desgracia, leer no nos hace ricos, antes bien, podríamos decir que es un
hábito que nos descapitaliza como lectores, la adquisición de libros,
independientemente del formato que uno elija, requiere de una inversión
constante, misma que no está en función de una remuneración inmediata. Si el
lector es fan de las versiones electrónicas gratuitas ¡Qué maravilla! Si, por
el contrario, al igual que su servidor, prefieren los formatos físicos, estamos
en este problema.
4.-
Si realizamos una lectura descuidada, sin considerar nuestra salud ocular, podemos
comenzar a tener algunas complicaciones con la misma, desde la resequedad, la
fatiga o hasta incrementar la miopía. No es clínicamente sano mantener de forma
prolongada la vista en un solo punto y con caracteres tan pequeños.
5.-
Perdemos muchas experiencias vitales por estar leyendo, la lectura se lleva las
horas de nuestros días, y nos separa de la adquisición de otras experiencias.
También se aprende viajando y experimentando el mundo.
6.-
Es una falacia considerar que leer nos
hace buenas personas. No hay una relación de causa-efecto entre un hecho y
otro, no porque sean libros de moral, tratados de ética, fábulas o textos religiosos
los que llenen nuestras estanterías significa que los lectores seamos mejores o buenas personas. Como decía
Schopenhauer con relación a este punto, uno puede saber historia del arte o
tener algunas nociones técnicas sobre determinados aspectos artísticos sin que
ello le convierta necesariamente en un artista; uno puede saber teoría musical
sin que eso le convierta en músico, uno puede saber todo lo que quiera sobre
teoría moral o deontología y sería absurdo creer que eso nos moraliza o nos vuelve santos necesariamente.
Ojalá que, con el pretexto que supone la celebración del día mundial del libro, nos acerquemos un poco más a esos especímenes que resultan tan inusuales y raros en nuestros días, considerando siempre que “inusual” y “raro” no son sino un par de sinónimos con los que también se nombra a lo extraordinario.
Finalmente:
¿Qué otras virtudes sí tienen los libros? Y ¿Qué otras virtudes que no tienen le
hemos cargado a los libros?
¡Los leo!



Excelente ❤️👏🏻
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario.
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